Seguramente
los chicos de hoy, que se están introduciendo al mundo del baloncesto, no saben quién es César Rodríguez. Pero los de mayor edad, saben muy bien
quién es. Deportes y Protagonistas (DP) te invita a que conozcas la historia de
uno de los jugadores más grandes de la historia del basquetbol del Sur de
Tucumán, quien gracias a su pasión por el deporte consiguió muchos éxitos en su
vida: Fue jugador del seleccionado tucumano en los años ´80, emigró a Buenos
Aires para jugar básquet profesional en Mar del Plata hasta el ´94 (año de su
retiro) y formó lo que todo el mundo anhela, una gran familia.

Desde muy chico descubrió la pasión por el deporte gracias a su hermano mayor, quien practicaba básquet en la hora de educación física en la escuela ENET Nº1. César todavía era un chico de 11 años y estudiaba en la escuela primaria Uladislao Frías. En las tarde se escapaba a la Sociedad Sirio Libanesa a practicar al aro junto con su hermano durante horas. Luego llegaron los jugadores de primera división que en aquel entonces disputaban la Liga Municipal y ahí empezó a tener sus referentes del deporte. El “Negro” Raúl Juárez, fue uno de los primeros. El básquet se le metió en las venas. Todos los días presenciaba aquellos entrenamientos y gracias a la concurrencia de los chicos de la zona se formó el primer equipo de Minibasquet. “Con camisetas blancas mayas, anilinas y números de cueros, hicimos nuestra primera indumentaria en la casa de los Mariani, gracias a su madre que las coció, y empezamos a competir con equipos de Tafi Viejo y San Miguel de Tucumán”, recuerda con una nostalgia alegre Rodríguez sus inicios en este deporte.

Luego
César empezó la secundaria en la escuela ENET Nº1 de Concepción al igual que su
hermano. Sus grandes destrezas como basquetbolista lo llevaron a integrar el
seleccionado de la escuela y disputar los torneos intercolegiales de ese
momento. “Antes era una locura. En la escuela a todos le daban permisos para
que presenciaran la competencia ya sea de fútbol, básquet o lo que fuese, todo
el colegio estaba presente viéndote. Era sensacional jugar así”, expresó. Pero
a fines del ´80 la suerte para el basquetbolista concepcionense cambiaría.
Luego de perder la final intercolegial frente al Colegio Nacional de Aguilares,
Rene Blanco quien era profesor en ambos colegios que disputaron aquella final
le dijo un lunes a “Checha” que del seleccionado tucumano de Cadetes le
pidieron dos jugadores, él y uno de la "Ciudad de las Avenidas". A
este último no le interesó por lo que César viajó con un amigo suyo, Ramón
Márquez para aquella convocatoria.

De más está decir que ambos jugadores quedaron en esa convocatoria, pero sólo César disputó el torneo argentino de selecciones de cadetes dado que Ramón se lesionó. A pesar de su corta edad, el entrenador Antonio Millán lo hizo firmar a Rodríguez para Sportivo Floresta, sin el consentimiento de sus padres, y el concepcionense empezó a medirse frente a los mejores del básquet tucumano en los ´80. Con 17 años y con grandes actuaciones logró el ascenso de la Liga B, a la A del torneo local de básquet y debido a su participación en los torneos con el seleccionado tucumano, clubes de a fuera empezaron a fijarse en él tiempo más tarde. Finalmente las propuestas empezaron a llegar y en el año ´87 fue Quilmes de Mar del Plata quien logró hacerse de los servicios de uno de los mejores jugador del torneo, que ahora ya tenía 23 años.

César
Rodríguez recuerda ese momento como si hubiera sido ayer: “Obviamente estaba
muy contento por la noticia. Hable con mi padre sobre esto y él me dijo que
decida. Seguir una carrera universitaria o me dedicara de lleno a ser un
jugador de básquet profesional, y la segunda fue mi elección. Mi familia
siempre me apoyó en esto, recuerdo que durante casi 4 años estuve viajando
todos los días a San Miguel de Tucumán. A la mañana y tarde iba a la escuela.
Siempre pedía permiso para retirarme 10 minutos antes y tomar el colectivo para
viajar durante horas para ir a entrenar y después volver casi a la 1 de la
mañana a casa, llegar, comer lo que mi madre me había preparado y al otro día
repetir la rutina”, aclaró el concepcionense mostrando claramente que sin
sacrificio, las oportunidades no llegan solas.

Pero no
todo es color de rosas para este deportista. Así como el deporte te da cosas, algunas veces te quita otras. El "Alero" concepcionense pasó por momentos muy duros y supo
que el baloncesto no lo era todo. “Estar lejos de la familia siempre es duro. Por
ahí que te llamen y digan mira, acaba de fallecer tu abuela. O llega un domingo
y te encontras en un hotel comiendo sólo, y te pones a pensar que de seguro en
tu casa están todos reunidos comiendo un asado y vos ahí sin poder compartir
con ellos duele mucho. Más la perdida que nada. Pero bueno, por eso hay que
aprovechar cada momento y valorar a quien tenes al lado. Recuerdo que una vez
tuve una lesión y deje de jugar básquet por 3 meses, obviamente no me pagaban
en ese entonces y en ese difícil momento económico con mi esposa nos hicimos
muy fuerte y salimos adelante”, manifiesta el tucumano orgulloso por su
compañera de vida que le tocó.
Quizás hoy en día, parezca raro
pensar que una persona pueda triunfar en un deporte que no sea el fútbol. César
Rodríguez es un claro ejemplo para todos los basquetbolistas, de todo
Tucumán, que sí se puede. Con pasión, dedicación y sacrificio todo llega. El
triunfar en la vida no se trata de cuantos títulos o medallas conseguiste, si
no disfrutar de lo que haces con familiares y amigos. “Soy un agradecido de la
vida y a Dios por todo lo que me dio. Hice lo que me gustó durante mucho
tiempo, lo sigo haciendo pero ya no de manera profesional pero si con el mismo
compromiso y las ganas de siempre, y tengo grandes amigos aquí en Concepción.
Por más que esté viviendo en Mar del Plata cada vez que vengo aquí
comparto con mis amigos de la primaria lo que siempre estuvieron y eso no tiene
precio”, expresó “checha”.
Autor: Franco Jotallán








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